Foto: Tiradero a cielo abierto en Reynosa, Tamaulipas, México. (Couto 2008)
“Esto del medio ambiente... ¿será porque ya destruimos la mitad?”
- Anónimo
La basura, tal parece que el tema está de moda. Aunque es una lástima que este boom en cuestión comience a tener importancia en esta época donde la frase con la que inicio esta columna no cae en la exageración ni es mero dramatismo sarcástico digno de una tira cómica de Mafalda. Está comprobado que en nuestro país compramos muy bien la idea de aquél modelo de desarrollo que utiliza desequilibradamente los recursos naturales, y que probablemente nos ha hecho muy cómoda la vida, pero ignoró el grave daño ambiental y ecológico que ocasionaría este “encanto industrial”. En fin, filosofar acerca de los beneficios y perjuicios que nos atañen debido a la relación estilo de vida-entorno natural es un debate interminable. Lo cierto es que tan sólo el 20% de la gente más rica del planeta consume el 75% de los recursos naturales.
Hablemos de basura entonces. El problema que causa la generación desmedida y el depósito no controlado de residuos provenientes de nuestras actividades cotidianas se refleja en la contaminación de aguas superficiales y subterráneas (ríos, lagos, mares, acuíferos), en los malos olores y la fauna nociva (ratas, cucarachas, mosquitos,...) que repercuten en un problema de salud pública. En esta época, donde la producción de basura está directamente relacionada con 1) el incremento de la población, 2) las nuevas características de nuestros desperdicios (envases, bolsas, pañales, productos de unicel; materiales que a la tierra puede llevarle hasta 500 años para degradar) y 3) los hábitos de consumo que nos llevan a acumular cada vez más sin realmente estar satisfechos. Quizás lo más triste es que, según organismos oficiales, un 33% de la basura producida diariamente en México termina en tiraderos a cielo abierto que carecen de control alguno y son una bomba de tiempo. Agreguemos a esa cifra toda la basura que vemos en barrancas, lotes baldíos, terrenos abandonados o en nuestras calles y tomemos en cuenta que sólo el 5% de los 2,445 municipios mexicanos han resuelto el problema de la basura. Preocupante sin duda alguna.
Sin embargo, hoy, ahora, todos los días, a pesar del triste panorama que nos presentan, quiero pensar en alta frecuencia. Mi mayor deseo es que se elimine de nuestras mentes la palabra “basura” y la sustituyamos por la palabra “recurso”. Te explicaré porqué pienso esto. ¿Sabías que una botella hecha de PET (ésa que tiene agua, la que andas cargando para todos lados y que tardas horas en tomar) puede transformarse en osos de peluche, alfombras, asientos de auto o abrigos? Mi carrera como “basurólogo” comenzó cuando supe de este proceso, me impresionó conocer la cantidad de artículos que se pueden producir a partir de su acopio y la emprendedora oportunidad que representaba ver los desechos como fuente de ingresos. Me fui impresionando aún más cuando comprendí la cadena de ahorros que representa para el bienestar público. Por ejemplo, si usamos menos papel, lo separamos y revendemos, entonces contribuiremos a su reciclaje donde cada tonelada de papel reciclado evita la tala de 14 árboles, el ahorro de 130 mil litros de agua y ahorramos energía suficiente como para suministrar electricidad a una familia... ¡durante 1 año! No olvidemos que la materia orgánica que desechamos, compuesta principalmente por residuos de alimento y que representa por lo menos la mitad de toda la basura en nuestro país, se puede convertir en el mejor restaurador de suelos que se conoce: la composta. Los ejemplos pueden seguir y seguir, y estoy convencido que pueden ser tantos como la imaginación lo permita, especialmente si recordamos que una de las contribuciones más sencillas que podemos realizar en casa es reusar artículos para evitar compras inútiles, así consentimos nuestra cartera y le entramos a esto de mejorar el medio ambiente. Muy sencillo.
Hablemos de basura entonces. El problema que causa la generación desmedida y el depósito no controlado de residuos provenientes de nuestras actividades cotidianas se refleja en la contaminación de aguas superficiales y subterráneas (ríos, lagos, mares, acuíferos), en los malos olores y la fauna nociva (ratas, cucarachas, mosquitos,...) que repercuten en un problema de salud pública. En esta época, donde la producción de basura está directamente relacionada con 1) el incremento de la población, 2) las nuevas características de nuestros desperdicios (envases, bolsas, pañales, productos de unicel; materiales que a la tierra puede llevarle hasta 500 años para degradar) y 3) los hábitos de consumo que nos llevan a acumular cada vez más sin realmente estar satisfechos. Quizás lo más triste es que, según organismos oficiales, un 33% de la basura producida diariamente en México termina en tiraderos a cielo abierto que carecen de control alguno y son una bomba de tiempo. Agreguemos a esa cifra toda la basura que vemos en barrancas, lotes baldíos, terrenos abandonados o en nuestras calles y tomemos en cuenta que sólo el 5% de los 2,445 municipios mexicanos han resuelto el problema de la basura. Preocupante sin duda alguna.
Sin embargo, hoy, ahora, todos los días, a pesar del triste panorama que nos presentan, quiero pensar en alta frecuencia. Mi mayor deseo es que se elimine de nuestras mentes la palabra “basura” y la sustituyamos por la palabra “recurso”. Te explicaré porqué pienso esto. ¿Sabías que una botella hecha de PET (ésa que tiene agua, la que andas cargando para todos lados y que tardas horas en tomar) puede transformarse en osos de peluche, alfombras, asientos de auto o abrigos? Mi carrera como “basurólogo” comenzó cuando supe de este proceso, me impresionó conocer la cantidad de artículos que se pueden producir a partir de su acopio y la emprendedora oportunidad que representaba ver los desechos como fuente de ingresos. Me fui impresionando aún más cuando comprendí la cadena de ahorros que representa para el bienestar público. Por ejemplo, si usamos menos papel, lo separamos y revendemos, entonces contribuiremos a su reciclaje donde cada tonelada de papel reciclado evita la tala de 14 árboles, el ahorro de 130 mil litros de agua y ahorramos energía suficiente como para suministrar electricidad a una familia... ¡durante 1 año! No olvidemos que la materia orgánica que desechamos, compuesta principalmente por residuos de alimento y que representa por lo menos la mitad de toda la basura en nuestro país, se puede convertir en el mejor restaurador de suelos que se conoce: la composta. Los ejemplos pueden seguir y seguir, y estoy convencido que pueden ser tantos como la imaginación lo permita, especialmente si recordamos que una de las contribuciones más sencillas que podemos realizar en casa es reusar artículos para evitar compras inútiles, así consentimos nuestra cartera y le entramos a esto de mejorar el medio ambiente. Muy sencillo.
"Una mente estirada por una nueva idea jamás recobra su tamaño original".
- Wendell Colmes
- Wendell Colmes
Foto: Pepenadores trabajando, relleno sanitario Tijuana, México. (Couto 2008)La educación es la base, debe estar en el fondo de todo, así podemos evitar caer en meros buenos propósitos e ideas bonitas. Si me preguntas cómo le podemos hacer para comenzar a sentirnos partícipes del mejoramiento ambiental además de incrementar nuestras posibilidades de obtener un ingreso económico extra, mi recomendación es: 3 R’s. Mis amigos los japoneses son los que implementaron esta idea de 1) Reducir la cantidad de residuos que generamos, 2) Reusar los materiales y artículos con los que contamos, y 3) Reciclar los materiales por medio de la reincorporación de estos materiales a la cadena productiva. Con estos tres sencillos principios han logrado ser los campeones mundiales del reciclaje, reciclan casi la mitad de toda la basura que producen (46%) ¿Por qué lo hicieron? Sencillo, son muchos y su territorio muy pequeño. La necesidad los obligó a dejar de desperdiciar recursos y con su ingenio han logrado dejar como última opción la práctica del entierro de basura (que México promueve con la construcción de rellenos sanitarios).
Ahora bien, mi recomendación. No nos confiemos porque tenemos territorio para construir rellenos sanitarios y enterrar la basura (si es que ésta tiene la suerte de llegar allí como destino final). Parafraseando al ambientalista Carlos Padilla Massieu, con respecto a la basura, el grado de desarrollo de un país no se refleja por la cantidad de camiones recolectores que tenga ni por la cantidad de dinero que invierten en su tratamiento, el auténtico desarrollo está en el pueblo que aprendió a no hacer basura y a consumir lo correcto. La manera más práctica para comenzar a comprobar los beneficios que les he comentado es separando la basura, el truco está en no mezclar. Sigamos estos pasos:
1) En diferentes recipientes separa plásticos, papel, cartón y botes de aluminio. Las cajas de oficina son muy útiles o bien utiliza una bolsa. La ventaja es que separados no generan malos olores ni se descomponen, así que es fácil su almacenamiento.
Ahora bien, mi recomendación. No nos confiemos porque tenemos territorio para construir rellenos sanitarios y enterrar la basura (si es que ésta tiene la suerte de llegar allí como destino final). Parafraseando al ambientalista Carlos Padilla Massieu, con respecto a la basura, el grado de desarrollo de un país no se refleja por la cantidad de camiones recolectores que tenga ni por la cantidad de dinero que invierten en su tratamiento, el auténtico desarrollo está en el pueblo que aprendió a no hacer basura y a consumir lo correcto. La manera más práctica para comenzar a comprobar los beneficios que les he comentado es separando la basura, el truco está en no mezclar. Sigamos estos pasos:
1) En diferentes recipientes separa plásticos, papel, cartón y botes de aluminio. Las cajas de oficina son muy útiles o bien utiliza una bolsa. La ventaja es que separados no generan malos olores ni se descomponen, así que es fácil su almacenamiento.
2) Ubica un centro de acopio o lugar de compra-venta de materiales. Es fácil si utilizas la sección amarilla con el título desperdicios (compra-venta). Sugiero que te informes de las condiciones que piden estos centros para que te den un mejor precio (puede ser separado en colores, sin etiquetas, etcétera, según sea el caso).
3) Cuando consideres necesario, o bien, veas que tu espacio se ve invadido por bolsas de “subproductos” (lo que pase primero) entonces vende tu material con tu mejor opción. Quizás se te haga insignificante el pago por lo que puedas obtener a cambio, pero si haces cuentas, verás que podrá ser un excelente ingreso por mes, semestre o año (algo así como tu propio aguinaldo).
4) Si los tres primeros pasos te parecen tarea magna, entonces sepárala en dos bolsas: reciclables (plásticos, aluminio, papel, cartón) y no reciclables (todos los demás). No importa si el camión que pasa por tu casa la avienta en el mismo lugar. Hazlo, por favor hazlo, te aseguro que habrá un pepenador al que le harás más digno su trabajo cuando pase por la puerta de tu casa o cuando se encuentre esa bolsa de reciclables en el tiradero donde trabaje. Sonreirá, créeme.
La creación y promoción de rellenos sanitarios en México ha resultado una política viable, sin embargo, se ha omitido el factor educativo hacia la población a fin de evitar a toda costa la producción desmedida de basura. Debemos trabajar en ello, ¿cómo? Difundiendo información como esta que ayudará a prolongar la vida útil de los rellenos sanitarios y generará una conciencia diferente hacia nuestros residuos.
- Ismael Couto

Cuentame como tu fan. Me gusta lo que tienes aqui, son temas de actualidad, en el tema de residuos y con una perspectiva padre. Me estoy dando el tiempo de leer con calma. Lo que he leido hasta es muy bien. Felicidades.
ResponderEliminarMarcos Rodríguez
Muchas gracias Marcos !!! De eso se trata, de brindar otro enfoque y crear un espacio productivo, ameno y de reflexión. Un abrazo!
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