Como el sueño de Zapata


"La acción no debe ser una reacción, sino una creación".
- Mao Tse-Tung


Querido lector, qué pensarías que estaría sucediendo, hoy día, en un lejano pueblito mexicano que hace más de 50 años tuvo que ser reubicado por completo debido a su devastación causada por un desastre natural y que además hoy está envuelto en una región donde el crimen organizado representa una amenaza invariable. A simple lectura, cualquiera de nosotros podría imaginar que sus habitantes viven en horror constante e inmersos en la desdicha, sobre todo cuando se trata de una población en un país donde la riqueza está en manos de unas cuantas personas, que la pobreza extrema es compartida por más de la mitad de la población y que el acceso a la educación resulta todo un privilegio. Pues bien, retomando el estilo de esta columna mensual, donde procuro compartirte experiencias, ideas innovadoras y ejemplos reales acerca del cuidado al medioambiente y de nuestro entorno natural y urbano, en esta ocasión quiero presentarte el caso de una comunidad muy especial, la comunidad indígena de Nuevo San Juan en el estado de Michoacán.



Por el contrario a lo que podríamos suponer, esta comunidad es uno de los mejores ejemplos del logro de un auténtico desarrollo sustentable, avalado incluso a nivel internacional. Pareciera difícil de imaginar pero en México tenemos una comunidad indígena de origen Purépecha que ha logrado crear una millonaria industria a través del uso de los recursos naturales aunado a un respeto profundo del bosque que habitan y comparten. A pesar que este pueblo sufrió en 1944 la erupción del volcán Paricutín y tuvieron que reubicarse, hoy comparten una industria llamada Nuevo San Juan de Parangaricutiro, propietaria de 20 empresas generadoras de 1,500 empleos que a su vez impactan positivamente en la calidad de vida de 7 mil personas.



Teniendo como hábitat un bosque de pino y encino, iniciaron un negocio para la producción de muebles, astillas para celulosa, cajas y distintos tipos de madera. Estos productos fueron el inicio del negocio, pero entre sus empresas ahora cuentan con cabañas ecoturísticas, empacadoras de frutas, fábrica de agroquímicos y abono orgánico, plantaciones de aguacate, una purificadora de agua y hasta un canal de televisión por cable. Actualmente exportan sus productos a Japón, Estados Unidos, Irlanda y Bélgica y obtienen ganancias anuales por cerca de ¡4 millones de dólares! Nada mal, ¿verdad?



"Hemos superado las envidias. Creemos que el bien colectivo hace que nos mejoremos todos, y si bien no somos del primer mundo, al menos aprovechamos los recursos de manera comunitaria y sustentable. Sabemos que los recursos son para el hombre siempre y cuando los explotemos de manera adecuada".
- Narciso Murillo, habitante de Nuevo San Juan, Michoacán



Quizás como yo, también te estés preguntando... ¿Y cómo le hicieron? ¿Cuál es el secreto detrás de ese éxito comunitario? Pues esto lo han logrado por medio de la creación de leyes para la tenencia de la tierra y la explotación de la madera. El principio: la sustentabilidad; su regla de acción: programas de reforestación y vigilancia de sus bosques para mantener un límite de 70 mil m3 de explotación de bosque. Esto significa que el bosque es de todos los habitantes y que todos sus recursos serán aprovechados para beneficio de la comunidad entera. También significa que el bosque será explotado pero con restricciones para mantener su equilibrio y lograr su recuperación a un ritmo donde se evite que algún día llegue a agotarse o morir.

Pero para mí lo más sorprendente, lo más admirable, es que la comunidad, los vecinos, renunciaron por completo a sus derechos individuales sobre la propiedad y trabajaron sobre la base de una empresa colectiva que destina sus ganancias a la reinversión, nuevos proyectos, recuperación de tierras y trabajos sociales. También viven una auténtica democracia donde cada mes se reúnen los 1,254 comuneros para discutir la situación y el futuro de sus empresas. Cabe destacar que existe una gran participación de las mujeres en la toma de decisiones y un alto nivel de educación básica y universitaria entre sus miembros.

Por lo contrario a estas prácticas exitosas, Nuevo San Juan es amenazado por problemas con comunidades vecinas que no protegen su bosque y violan su territorio, además uno de los carteles de drogas más fuertes en México (La Familia) está enclavado en esta región representando un riesgo latente. Pero estas condiciones no han sido un factor tan fuerte como para evitar que esta comunidad permanezca fiel a sus ideales. Una vez más confirmo que las tragedias traen consigo una fuerte dosis de bienaventuranza. Sin duda, la comunidad de Nuevo San Juan está en un nivel evolutivo y de conciencia mucho muy elevado, su experiencia invita a reflexionar en el tipo de vida que deseamos llevar. ¡Y qué orgullo que hoy te estoy contando de una comunidad mexicana!

Naciones enteras como Japón o Alemania se han levantado de los escombros para convertirse en líderes mundiales. ¿Acaso necesitamos una guerra, una nueva revolución, o la devastación de nuestro pueblo para darnos cuenta de la inmensa riqueza y abundancia en la que actualmente vivimos y que no hemos sabido aprovechar? ¿Podremos algún día superar el interés colectivo sobre el individual? Aprendamos del caso de San Juan, Tierra y Libertad gritaba Emiliano Zapata, aquí hay Tierra para todos y Libertad financiera. Sigamos en sintonía por una nueva cultura ambiental...
- Ismael Couto



Nota: Si te gustaría conocer más sobre este caso, aquí puedes conseguir el libro “Las Enseñanzas de San Juan” publicado por el Instituto Nacional de Ecología. Completito y gratis en http://www2.ine.gob.mx/publicaciones/consultaPublicacion.html?id_pub=420

1 comentario:

  1. hello... hapi blogging... have a nice day! just visiting here....

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