Estoy leyendo el libro “La revolución de la riqueza”, su autor, Alvin Toffler, profesor e investigador de talla mundial, es considerado un futurólogo por sus obras revolucionarias del pensamiento y de cómo vemos la vida. En esta obra publicada en 2005, hace referencia a los radicales cambios –en prácticamente todos los aspectos del ser humano- y a cómo el conocimiento es y será el bien más preciado para la generación de riqueza y bienestar, tanto individual como de las naciones.
Llamó mi atención que Toffler menciona que, a pesar de que la ciencia ha sido el motor de cambio y aumento en la calidad de vida humana, y de que pareciera que cada vez hay más inversión en Investigación y Desarrollo, al parecer, y en detrimento de ella, han surgido movimientos extremistas con violentos métodos de persuasión (navajas en el correo de los investigadores, bombas en los coches, entre otros) que con gran fanatismo adoptan banderas a favor del no uso de animales para experimentación o en contra de los alimentos transgénicos.
Al respecto, Toffler menciona: "Los fanáticos de los derechos de los animales no son más que una rama de la coalición anticiencia más amplia, cuyos miembros son reclutados en los márgenes más estrictos del feminismo, el ecologismo, el marxismo y otros grupos activistas supuestamente progresistas". Asimismo reitera que "la ciencia también es hostigada simultáneamente por los ecologistas radicales" e introduce el término de “ecomisioneros”.
En este último término quiero hacer énfasis, puesto que es parte del sentido de este blog, transcribiendo para ustedes las ideas de Toffler:
Llamó mi atención que Toffler menciona que, a pesar de que la ciencia ha sido el motor de cambio y aumento en la calidad de vida humana, y de que pareciera que cada vez hay más inversión en Investigación y Desarrollo, al parecer, y en detrimento de ella, han surgido movimientos extremistas con violentos métodos de persuasión (navajas en el correo de los investigadores, bombas en los coches, entre otros) que con gran fanatismo adoptan banderas a favor del no uso de animales para experimentación o en contra de los alimentos transgénicos.
Al respecto, Toffler menciona: "Los fanáticos de los derechos de los animales no son más que una rama de la coalición anticiencia más amplia, cuyos miembros son reclutados en los márgenes más estrictos del feminismo, el ecologismo, el marxismo y otros grupos activistas supuestamente progresistas". Asimismo reitera que "la ciencia también es hostigada simultáneamente por los ecologistas radicales" e introduce el término de “ecomisioneros”.
En este último término quiero hacer énfasis, puesto que es parte del sentido de este blog, transcribiendo para ustedes las ideas de Toffler:
Como ya hemos visto, la ciencia padece simultáneamente el ataque de elementos del movimiento ecologista, movimiento que en sí mismo cada vez adquiere un carácter más religioso.
El profesor Robert N. Nelson, de la Universidad de Maryland, escribe: "A medida que se acercaba el final del siglo XX, existía un vacío religioso en la sociedad occidental. En esta circunstancia, el movimiento ecologista emergió como una forma de llenar ese vacío. En la actualidad, para muchos de sus seguidores, el ecologismo ha sido un sustituto para el cristianismo convencional, en declive, y las creencias progresista".
Mientras que los ecologistas se apoyan, por supuesto, en datos científicos, el ecologismo señala Nelson, está "poseído por un fuerte espíritu misionero". Además, su propio lenguaje es "abiertamente religioso: “salvar” la Tierra de la violación y el pillaje; construir “catedrales” en el medio natural; crear una nueva “arca de Noé” con leyes como la Ley de Protección de Especies en Peligro de Extinción; perseguir una nueva “llamada” a preservar las zonas salvajes que quedan, y dar los pasos necesarios para proteger lo que queda de “La Creación” en la Tierra".
En el "centro del mensaje ecologista –señala- hay un nuevo relato de la caída de la humanidad desde una época anterior más feliz, más natural e inocente; una visión laica de la expulsión bíblica del Jardín del Edén".
En resumen, dice Nelson, "a pesar de su apariencia moderna, el ecologismo está próximo a una forma de anticuado fundamentalismo religioso".
Comento pues, que estoy de acuerdo con lo anterior, no se trata de ser parte de un movimiento ecologista, ambiental, como sustituto de una falta de valores y sentido existencial que incluso pueda sustituir algún credo o religión. No se trata de modas ni de adoptar creencias nada más porque si, y porque el consenso general lo aprueba, aunque talvez puedan no ser verdad.
Aquí en Limpiando Conciencias plasmo con toda libertad lo que considero sea útil para cambiar hábitos, simplemente para mejorar nuestra calidad de vida bajo la primicia que todos somos uno, tenemos un solo planeta y que la ciencia, en este caso la divulgación del conocimiento, es el pilar de la nueva economía del conocimiento generadora de riqueza. Práctico y sencillo, contundente.
Por una nueva cultura ambiental...
-Ismael Couto

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